Poesía, Narrativa y Ensayo 6 de junio, 2019

Según la definición de la Real Academia Española el término “Populismo” indica una tendencia política con la que pretende atraerse a las clases populares. Existe cierta tendencia a identificar al “Populismo” con las ideologías de izquierda, o concepciones de gobierno en donde se pretende una mayor y equitativa distribución de la riqueza; así mismo desde sectores más ligados a la derecha o a las clases dominantes (verbigracia las oligarquías) se suele utilizar el término en cuestión para descalificar o adjetivar de manera peyorativa cualquier fenómeno político que tenga pretensiones distribucionistas.
 
Al mismo tiempo, en los medios masivos de comunicación, tv, radio, gráfica, etc debates políticos; se habla permanente del término “populismo” dando por entendido un término por demás ambiguo, que es utilizado a gusto y placer del comunicador/político de turno sin precisar demasiado de que se trata. De pronto, el fantasma del “populismo” de Venezuela azota las democracias bienhechoras de América Latina, pero también el populismo estadounidense de Donald Trump o el “populismo” encarnado por Jair Bolsonaro en Brasil, constituyen según estos relatos sendas amenazas para las democracias occidentales “modernas”. Aparece aquí un común denominador, los regímenes populistas se encuentran vacíos de ideología, pueden ser de derechas o de izquierdas y tiene que ver más bien con una cuestión estratégica antes que ideológica. Es un término flexible, que sirve tanto para denostar, como para enarbolar determinados regímenes. 
 
Al decir de la politóloga Belga Chantal Mouffe, “El populismo no es una ideología, es una estrategia discursiva de construcción política, una construcción política sobre la base de la frontera pueblo-oligarquía” y yo diría más bien “pueblo” (definido a conveniencia) – enemigo común del pueblo”.
 
Rastreemos un poco en la historia, siempre útil para comprender los fenómenos y acontecimientos que nos rodean. “Populismo” y su adjetivación, verbigracia “Populista” fueron términos académicos que nacieron como parte de vocabularios propios de las ciencias políticas. El término “Populismo” fue utilizado por primera vez hacia fines del siglo XIX, más precisamente en Rusia en 1878 para nombrar una fase de desarrollo del movimiento socialista vernáculo. Ese término se utilizó a fin de sostener la creencia de que los militantes socialistas tenían que aprender del Pueblo, antes que pretender erigirse en sus guías. Pocos años después los marxistas comenzaron a utilizarlo con un sentido diferente y peyorativo, para referirse a aquellos socialistas locales que pensaban que los campesinos serían los principales sujetos de la revolución y que las comunas y tradiciones rurales podrían utilizarse para construir a partir de ellas la sociedad socialista del futuro. Así, en Rusia y en el movimiento socialista internacional, “populismo” se utilizó para designar un tipo de movimiento progresivo, que podía oponerse a las clases altas, pero a diferencia del marxismo se identificaba con el campesinado y era nacionalista. Para aquellos curiosos de la historia de las ideas recomiendo leer las polémicas de Marxs con Bakunin respecto de la importancia de la participación del campesinado en las revoluciones socialistas (Pero ese es otro tema).
 
Sin aparente conexión histórica, “populismo” surgió también como término político en EEUU luego de 1891, para referirse al efímero partido del pueblo que surgió por aquellos años en el país del norte, apoyado por los granjeros pobres, de ideas progresivas y antielitistas. Allí, como en Rusia, el término refirió a un movimiento popular cuyas bases fueron el campesinado, y también como su homónimo ruso comenzó a ser utilizado peyorativamente, en un punto pareciera obedecer a la clásica división marxista entre proletarios (obreros básicamente industriales, urbanos, estudiantes universitarios, docentes, etc) en contraposición a los lumpen proletarios más bien de base rural, y menos instruida. 
 
Luego de un letargo en la utilización del término, para 1950 el sociólogo Edward Shils intruduce una concepción totalmente novedosa del término, “Populismo” para Shils, no se refería a un tipo de movimiento en particular, sino a una ideología que podía encontrarse tanto en contextos urbanos como rurales y en sociedades de todo tipo. “Populismo” para Shils designaba una ideología de resentimiento contra un orden social impuesto por alguna clase dirigente de antigua data, de la que supone que posee el monopolio del poder, la propiedad, el abolengo o la cultura. Como fenómeno de múltiples caras, tal “populismo” se manifestaba en una variedad de formas: Bolchevismo en Rusia, el Nazismo en Alemania, el Macartismo en EEUU, etc. Movilizar los sentimientos irracionales de las masas para ponerlas en contra de las Elites: Eso era el populismo, un fenómeno que se aparta de la democracia liberal, cada uno a su forma. 
 
En un reciente e interesante libro, la socióloga y politóloga Sandra Casullo titulado ¿ Por qué funciona el populismo”? amplía y creo yo profundiza la posición de Shils, al decir que el término populismo es muy usado y, por ello, muy polisémico. Y, en general, cuando se lo usa coloquialmente se lo carga de connotaciones negativas; a diferencia de, por caso, liberalismo, cuyo uso tiene una carga positiva. A esos dos obstáculos se suma el hecho de recurrir a una definición económica de populismo entendido como una mala administración de política económica que redistribuye gastando demás y que, por tanto, es insostenible a largo plazo porque genera inflación. Hasta principios de los 90, el análisis se circunscribía a los regímenes populistas de mediados del siglo XX en América. A comienzo de los 90 se empieza a analizar casos como el de Alberto Fujimori, Carlos Menem, Silvio Berlusconi. Los “Populismos” neoliberales no eran redistribucionistas, eran promercado y proglobalización. Entonces, si los populismos pueden ser de izquierda o de derecha ¿Qué es el populismo? Es una manera de construir poder que involucra la constitución de un pueblo y liderazgos fuertes que se ubican por encima de los partidos  y que tienen un discurso que llamo “el mito populista”, que se compone de un discurso antagonista que genera identidad política. El nosotros político y el ellos están unidos por una relación antagonista. Esa manera de explicar la realidad genera identidades políticas.   
 
Por ejemplo, el fenómeno de Trump en EEUU explica perfectamente la concepción de la autora, el pueblo “Norte Americano” por un lado; vs el inmigrante que ha venido a dañar el trabajo de los estadounidenses, que ha venido a usurpar los beneficios que son de los ciudadanos estadounidenses y por tanto son antagónicos y hay que combatirlos, “América para los Americanos” el populismo entonces más allá de las ideologías apela a  la épica nacionalista, apela a los sentimientos más irracionales de las más masas (odio al extranjero, miedo, etc) esto es más viejo que el mundo. Es sumamente efectivo, y ha servido y servirá para seguir dominando a las masas. 
 
Lo que resulta pintoresco, tragicómico o no sé cómo llamarlo, es que cuando los populismos están destinados a mantener el estatus quo de las clases dominantes (verbigracia, no es populista no grabar la renta financiera, no es populista quitar retenciones a grandes pooles de siembre, no es populista quitar aranceles o retenciones a la mineras o dolarizar tarifas de servicios públicos esenciales), no se lo denomina como tal, ahora en cambio, cuando regímenes que tienden a sumar a las mayorías dentro del sistema mediante diversas formas de redistribución equitativa de la riqueza (verbigracia mayor carga impositiva para los más ricos, subsidios para industrias pequeñas o medianas, planes de emergencia alimentaria, etc) se los denomina peyorativa y negativamente populismo. 
 
Ahora bien, como corolario y lejos de la pretensión de haber agotado el tema en esta pequeñísima síntesis, les propongo que nos interpelemos a nosotros mismos sobre las siguientes cuestiones. Cuando desde las democracias neoliberales se utiliza negativamente el término populismo para denostar sistemas (también democráticos en cuanto has sido elegidos productos de elecciones libres,  y en el marco de las reglas de juego institucionales propuestas por  constituciones liberales en cuyos países se adopta el sistema de economía capitalista de acumulación privada) que tienden a contener y atender e incluir a las mayorías, es decir sistemas que tienden a la igualdad real, lo que permite acceder a la libertad real, ¿Qué es lo que realmente se quiere significar? 
 
Si el “populismo” lo encontramos en estos sistemas, no es dable pensar que su negatividad tiene que ver con la molestia que causa a las elites dominantes o la las oligarquías. ¿Si un país emergente latinoamericano decide subsidiar a cierto sector popular para promover el ascenso social, la industria y el consumo interno ¿es populista? Y si EEUU decide poner barreras arancelarias, subsidiar su industria interna, alentar el consumo interno, etc ¿simplemente están protegiendo sus propios intereses? Y de ningún modo son populistas, inclusive cuando entran en la contradicción de exigir a estos países emergentes que apliquen recetas de ajuste y apertura irrestricta de los mercados que ellos mismos no aplican.
 
En conclusión, como decía nuestro amigo Imanuel Kant, la realidad en sí no es accesible al conocimiento humano, sólo conocemos lo que percibimos desde nuestra subjetividad y a lo cual dotamos de sentido. Esto es, la realidad (la verdad) no existe, es discursiva, es una construcción más o menos consensuada de lo que nos rodea, y el discurso que se impone y resulta ser el más eficiente, es el que accede al poder y es el que tiene el poder de definir, entre otras cosas las cargas negativas o peyorativas, de determinados términos, verbigracia, “populismo” para denostar todo aquello que amenaza un orden dado, todo aquello que en definitiva amenaza el estatus quo.- 
 
SANTIAGO HECTOR DABOVE
 
DNI 25686943
 
FUENTES
CHANTAL MOUFFE
ERNESTO LACLAU
ANA CASTELLANI “NEOLIBERALISMO Y DOMINACIÓN SOCIAL”
EZEQUIEL ADAMOVSKY
SANDRA CASULLO
KANT  IMMANUEL “CRITICA DE LA RAZÓN PURA”
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